Autor:
Horacio.
Título:
BEJAR AL DIA.
Publicación:
Museo Internacional del Estudiante, 2009.
Ver. original:
El Lábaro.
Fecha:
Martes, 8 de febrero de 1910,
p. 2.
El Carnaval va
deslizándose sin incidente desagradable. La cultura de este pueblo
ha progresado y ya todo el mundo sabe divertirse sin armar camorra.
Más vale así.
La Tuna sigue
alegrando las calles. Hay muchas máscaras, algunas vestidas con
exquisito gusto. He visto dos niños, luciendo un completo y bien
construido uniforme militar. El reclamo se impone: uno de ellos es
hijo del acaudalado fabricante de paños y concejal de este
Ayuntamiento don Tomás Agero y Salas; el otro, más pequeñín, lo es
del dueño de «La Constructora Bejarana», D. Emilio Barayón.
Aplaudo el gusto de
ambos.
También pulula una
comparsa de gallegos, que no toca, pero que mete un ruido infernal
con sus zuecos y almadreñas. Una partida de gitanos, que chalanean
con alguna sombra; otra de mambises, tocando unas cañas y cantando
rítmicas habaneras, varios caballeros en burro, imitando los
vagones de un tren... carreta y otra carroza, tripulada por gente
rumbosa que repartía a los chicos galletas, caramelos y otras
menudencias.
Los casinos muy
animados, especialmente el de Obreros. El Teatro algo flojo, como
sucede siempre en esa noche. En cambio en el de hoy, no podrá, cual
suele acontecer, transitarse por el salón. En el del Liceo, algunas
máscaras, así como en El Artístico. En el Industrial,
resplandeciente de bellezas y favorecido por la asistencia de los
tunos, bailándose un aristocrático rigodón.
En el Social la
velada que anunció; el salón de bote en bote. La representación de
El fin del mundo, magistral, entusiasmando al auditorio.
También las niñas, en juguete cómico Se necesita criada,
rayaron a gran altura.
La luz eléctrica
quiso darnos un chasco, antes de empezar la función, unos minutos
antes de ir a alzar el telón.
El salón quedó a
oscuras completamente, y eran de ver las escenas cómicas que allí
tenían lugar todo por no tener unas velas o lámparas preparadas, en
previsión de un accidente de éstos. Uno encendía cerillas; otro
corría a avisar a la oficina, aquel procuraba velas, y tanto cundió
este ejemplo, que aquello parecía una procesión o un funeral.
Esto duró diez
minutos; al fin la luz fue hecha, y pudimos apreciar que, como era
de esperar en personas de genio tan corto como las que allí se
reúnen, ningún espectador había tenido novedad de ninguna especie,
ni en su persona ni en su indumentaria.
La Tuna tiene el
proyectado hacer una excursión a Candelario y Hervás. Los libros ya
tienen telas, que no se pueden vender de puro finas.
HORACIO.
Béjar, 7-2-910.