Autor:
Anónimo.
Título: LA VELADA DE ANOCHE.
LA TUNA ESCOLAR
EN EL BRETÓN.
Publicación:
Museo Internacional del Estudiante, 2009.
Ver. original:
La Gaceta Regional.
Fecha:
Viernes, 5 de febrero de 1926,
pp. 1 y 2.
Con asistencia de numeroso público se celebró
anoche la anunciada velada de la Tuna Escolar Salmantina.
Existía verdadera
expectación por escuchar a los «tunos» de este año, y la palabra
autorizada de los señores Antón de Olmet y Rojas, encargados de
presentar a la simpática organización estudiantil.
En una platea,
adornada con la bandera española y la de la Tuna, se encontraban sus
bellísimas presidentas, Leoncia Diego, Conchita Coca y María
Maldonado rodeadas de «tunos», y en las inmediaciones estaban las
presidentas del año pasado, encantadoras señoritas Ernestina
Fernández Dans y Lola Esperabé, acompañadas también de «tunos» y
dando a la fiesta el realce de su belleza y de su juventud.
En palcos, plateas
y butacas vimos a las distinguidas señoras y señoritas de Ávila,
Concha, González Ubierna, Maldonado, Esperabé, Coca, Esperabé de
Coca, Negrón, Fernández Dans, Vargas, García Bernalt, Gómez, Charro,
Charro Sánchez, Sacristán, Serviá, Cobaleda, Santiago Mirat, Téllez
de Meneses, Carretero, Méndez (don Manuel), Martín Méndez, Llauradó,
Pérez Fernández, Redondo, Gascón, Pierna, Moneo, Población, Lozano,
Argüeso, Reymundo, Wrig, Angoso, González Borreguero, Ambrosio,
Sexma, Rivera, Blanco Domínguez, Zaballa, Gómez, Sáez, Infante,
Romo, García Corselas, Barrachina, León Muñiz, Urech, Perez Santos,
Niño, Berrueta, Revillo, Sánchez Mesonero, Veiga, Castro, Ramos,
González Rico y muchas más.
Comenzó el acto
leyendo el joven catedrático de Derecho Penal don José Antón del
Olmet unas cuartillas, que reproducimos complacidos por su agilidad
y finura literaria.
Dicen así:
Señoras y señores:
Al ser requerido por los escolares de la Tuna para hacer esta
presentación, accedí pensando que inoraban de mí el cumplimiento de
un deber profesional. Como en años anteriores deseaban el concurso
de un profesor, con el afán de significar en esta fiesta la
tradición de la vida corporativa universitaria, cuando «Las
Partidas» definían el «Estudio» como «Ayuntamiento de maestros et de
escolares» y la Universidad era una comunidad a la que no resultaba
extraña ninguna de las actividades del alumno. Estudios, fiestas,
alojamientos, trajes, policía de costumbres; a todo alcanzaba la
tutela maternal de la Universidad salmantina, que si limitaba por su
desvelo la libertad del estudiante, le compensaba con creces con los
benéficos de su enseñanza y los privilegios de su jurisdicción.
Ilustres cronistas
de esta ciudad os han descrito en otras ocasiones, con su erudición
proverbial, las antiguas fiestas universitarias; pero a mí, que no
soy erudito, me está vedado el remontarme a contemplar los paisajes
históricos y he de reducirme a la actual.
Es cierto que no
tenemos en España Universidades como las de otros países, que son
verdaderas ciudades, donde junto a las clases, las bibliotecas y los
laboratorios, se dan en el mismo recinto universitario la
residencia, el club, el campo de deportes y el salón de baile.
Y es de lamentar,
porque esta extensión de las instituciones docentes, tiene la
ventaja de que el estudiante ve en ellas un hogar y aprende a
amarlas desde el primer día; no como ahora que sólo percibe de ellas
la fatiga del estudio, y es solo más tarde, después de saborear sus
frutos y cuando ya siente con pena decrecer la libre despreocupación
de los años mozos, cuando estimamos con efusión los días alegremente
transcurridos en los claustros universitarios.
Pero sí tenemos en
España una ciudad de otra naturaleza, pero ciudad universitaria al
fin; es en Salamanca, donde por formación espontánea, mediante la
natural expansión de la vida escolar, debido a ser la ciudad chica,
más que a la grandeza de la Universidad, el Alma mater llena toda el
cuerpo de aquélla y es posible que nos reunamos aquí las gentes
universitarias, sin extrañar el lugar ni el objetivo, como si
estuviésemos en nuestra propia función y en nuestra misma casa.
Gracias a ello tiene Salamanca su fisonomía propia, animada por el
continuo fluir de las generaciones estudiantiles, que le asegura, a
pesar de su vetustez histórica, una mocedad perpetua.
Al forastero que
viene de otras poblaciones castellanas, dormidas sobre su tradición,
cementerios artísticos o museos de antigüedades, le sorprende
encontrar en Salamanca, junto a las piedras venerables, tanta vida
como circula por sus arterias, impulsada y regulada por la
Universidad, mejor que cerebro, corazón de esta vieja ciudad,
siempre joven.
No faltará algún
ser timorato que encuentre frívola esta fiesta, en que los
estudiantes alegran su espíritu al mismo tiempo que regocijan el
nuestro y despejan con la diversión su entendimiento, conformes con
el parecer del Arcipreste:
«Dize un filósofo
en su libro, se nota que pesar e tristeza el ingenio embota».
Creo, por el
contrario, que esta Tuna es símbolo trascendental. El salmantino
burgués que, recogido en la noche desapacible al abrigo del hogar,
oye el pasacalle de la estudiantina que parece llevar hasta él una
milagrosa sensación de anticipada primavera, debe pensar que estos
jóvenes actúan aquellos refranes tan expresivos del carácter
castellano, que aconsejan desafiar el tiempo inclemente y esforzarse
ante la adversidad del medio. Y sobre todo completará el símbolo si
da a la palabra tiempo su acepción moral y medita que en momentos
críticos, cuando mayor es la desesperanza y el tedio, estos
muchachos, flojos de bolsa, fuertes de ánimo y libres en todos los
sentidos de la palabra libertad, van en compañía de su audaz
cronista a sacudir con su alegría la modorra española y a llevar un
saludo optimista hasta la frontera.
Son representantes
de una generación nueva, diariamente acusada de frivolidad, ausencia
de ideales y apatía. Y no es frivolidad sino conocimiento de la vida
a la que no se debe dar más importancia de la que merece, ni
ausencia de ideales sino propósito de arraigarlos en la tierra en
vez de colgarlos de las nubes, ni apatía, sino serenidad para
esperar y hacer cada cosa en su tiempo. Esta generación que sabe
trabajar y divertirse, aventaja a aquella otra plañidera y pedante
del noventa y ocho, y anuncia a nuestro pueblo una vida más alegre,
más modesta, más civilizada y más feliz. A estos escolares de la
Tuna, que tan dignamente la representan, nadie necesitará
desembozarles de sus capas para conocer en ellos a los futuros
salvadores de España.
Termino, señores,
mi misión, que no ha sido ni podía ser la anunciada en los
programas. No había por qué presentar a los estudiantes, que tienen
en el público sus familias y sus amigos; de modo que han sido ellos
los que en realidad me presentan a mi esta tarde al público de
Salamanca. En cambio, estoy en mi papel e interpreto, de seguro,
vuestros deseos si en vuestro nombre y en el mío doy gracias a los
escolares de la Tuna, y muy especialmente a sus presidentas, porque
en el aula libre del Bretón nos explican esta tarde una lección
maravillosa de belleza, de gracia, de jovialidad y de simpatía.
Acallados los aplausos que glosaron el discurso
del señor Antón del Olmet, el presidente de la Tuna, don Natalio
García Sánchez, escolar de Medicina, leyó otras bien escritas
cuartillas saludando a la concurrencia y anunciando la tournée
que la tuna va a emprender.
El señor García Sánchez cantó el prestigio de
Salamanca y la hermosura de sus mujeres, diciendo de las presidentas
de la Tuna que alumbrarían la marcha cascabelera de sus amadrinados,
con el resplandor de sus ojos y el recuerdo de su gentil belleza.
Seguidamente las bellísimas presidentas: Maruja
Maldonado, Leoncia de Diego y Conchita Coca, entre los aplausos de
la concurrencia impusieron a la bandera estudiantil las preciosas
corbatas que con sus manos abaciales cortaron y bordaron.
Los «tunos»,
dirigidos con su peculiar maestría por el maestro Bernal, generoso
director de esta Tuna, interpretaron con afinación y acoplamiento el
pasodoble «Guitarra mía», de Lais; la serenata de Ledesma y Pérez,
«Hacia el ideal»; el fox «Haro, París y Londres», de Miranda, y el
fado de «Groria Camoens», de Camarero, siendo muy aplaudidos.
Los escolares de
Medicina, Orts y Santos, representaron después, discretamente, el
entremés de «Melitón González», «Pelé y Melé».
La segunda parte de
la animada velada empezó, leyendo el estudiante de Derecho, don J.
López Sánchez, la siguiente poesía del admirable poeta charro don
Cándido R. Pinilla, que fue escuchada religiosamente por el público.
DESPEDIDA
A LA TUNA ESCOLAR
SALMANTINA
La estudiantina
pasa; desde las rejas
cubrid niñas la calle de frescas rosas;
evoquen sus recuerdos las almas viejas,
las juveniles almas rían gozosas.
Paso a la
Estudiantina, paso a la Tuna
que la ciudad alegra con su alegría;
si no siempre con ella va la fortuna,
el amor busca siempre su compañía.
Gallardos
estudiantes de Salamanca:
estrechamente juntos id donde quiera,
que no habrá puerta alguna que no halléis franca,
como el amado huésped a quien se espera.
No habrá reja
ninguna que no se abra
y tras la cual temblando de gozo acaso,
no oiga una niña el beso de una palabra
que algún «tuno» galante le lance al paso.
Semejantes a
aquellos bravos sopistas
cuya memoria nadie desdeñar debe,
un poco aventureros, un poco artistas,
id donde algún impulso de amor os lleve.
Vestidos a la
usanza de los de antaño,
ni hacéis así al pasado ningún ultraje,
ni ese indumento oculta ningún engaño:
vuestra alma es siempre moza, si viejo el traje.
Bajo esas viejas
capas de airosos vuelos,
hay más bien que recuerdos y que añoranzas,
un tesoro escondido de hondos anhelos,
un mundo de ilusiones y de esperanzas.
Y al son de las
guitarras y los panderos
que vuestras manos tañen con maestría,
caminos y ciudades cruzan ligeros,
llevando a todas partes vuestra alegría.
Visitad esas
tierras y esas ciudades
que lejanas y ricas son españolas,
y de la mar presencian las tempestades
y cuyos dulces sueños mecen las olas.
Y esa ciudad
cercana, cuya alta gloria
se cifra en ser la cuna del caballero,
que dejó bien escrita su ejecutoria
en las páginas de oro del romancero.
Que al oírse los
ecos, nunca apagados,
de la Tuna que alegre pasa ligera,
veréis cómo, surgiendo de todos lados,
ha de seguir la gente vuestra carrera.
Y se abrirán las
rejas y los balcones,
y sonarán los aires batir de palmas,
que hambre de amor padecen los corazones
y de ilusión sedienta están las almas.
Y enfermo de
tristeza se halla al presente
el mundo que su propio remedio ansía,
y que sólo lo encuentra, sólo lo siente
al contacto de vuestra dulce alegría.
Gloriosos
estudiantes de Salamanca,
para quienes el mundo siempre es pequeño,
y a los que de sus frías aulas arranca
la inquietud del espíritu que ama el ensueño:
Llevad lejos el
nombre de vuestra Escuela,
cuya gloria fue en tiempos el sol de España;
Salamanca, que hoy otros triunfos anhela,
siguiendo vuestros pasos os acompaña.
Haced de su
recuerdo la clara estrella
que señale y alumbre vuestro camino;
hablad en todas partes de ella y por ella,
que no es otro, sin duda, vuestro destino.
Y tornad a su
seno, como a su nido
las aves que a las veces vuelan distantes,
que si alma de la patria la suya ha sido,
alma son de su alma los estudiantes.
El señor Sánchez Rojas leyó después unas
cuartillas, tituladas «Crónica de tunos», escritas como él sabe
hacerlo. El público aplaudió calurosamente al notable escritor.
La Tuna volvió a
entrar en funciones, interpretando con gran maestría el pasodoble de
Bernalt, «Todos aprobados», el tango «Adiós a la vida», de España, y
la jota, de Serrano, «El trust de los tenorios», repitiéndose las
clamorosas ovaciones en honor de los estudiantes.
Finalmente, fue
representado el entremés «Cosas de estudiantes», obrita que no
merece la pena de ser interpretada por los escolares García Sánchez,
García Garrote, Sánchez Vicente, Rodríguez, Orts, García y Polo.
Al final se dio
cuenta de la feliz llegada del «Plus Ultra» a Río Janeiro, acogiendo
el público la noticia con grandes aplausos.
La simpática fiesta
terminó a las diez menos cuarto. Y ahora aconsejamos a los tunos que
supriman los entremeses en las funciones que den fuera de Salamanca.
Les basta dar conciertos con su repertorio, para conquistar la
simpatía de los públicos que les escuchen.