Author:
Anónimo.
Title:
UNA GRATA FIESTA.
LA VELADA DE LA TUNA ESCOLAR.
Publication:
Museo Internacional del Estudiante, 2009.
Original edition:
La Gaceta Regional.
Date:
Sábado, 14 de febrero de 1925,
p. 2.
A las seis y media
se celebró, en el Liceo, en el día de ayer, la velada
literario-musical, organizada por la Tuna Escolar Salmantina. La
sala ofrecía el aspecto de las grandes solemnidades. En palcos y
plateas, en butacas, todas nuestras bellezas juveniles, nuestros
estudiantes y demás clases sociales. La fiesta fué, por esto,
sencillamente maravillosa, ya que coincidieron, para su mayor
esplendor, la juventud y la hermosura, los rostros bonitos de
nuestras mujercitas y el gesto apicarado de la estudiantina,
agolpada en las localidades para ovacionar, entusiasmada, a sus
hermanos los tunos.
En una platea refulgía la prestancia y gentileza
de las señoritas Joaquinita Pérez Núñez, Lolita Esperabé y
Ernestina Fernández Dans, que en unión de la señorita Gonzalita
García Delgado, que no asistió por hallarse aquejada por una
indisposición, forman la presidencia de la Tuna. En otros palcos y
plateas más mujeres bonitas. La airosa capa estudiantil resultaba
pálida, si se miraba el negro fulgor de unos ojos de azabache,
luminares encendidos en un palco alto.
Empieza la fiesta. A telón corrido aparece en la
boca del escenario la figura sencilla y modesta de don Emilio
Alarcos, un joven talentudo, que desempeña en la Escuela la cátedra
de Literatura Española. El señor Alarcos es hombre poco amigo de
entrar en tratos con los públicos. Realiza intensa y callada labor
cultural, sin preocuparse para nada de los forjadores de
reputaciones.
Por eso el periodista debe aprovechar alguna de
las contadas ocasiones en que se muestra al público, para ensalzar
sus dotes de talento, su cultura amena y profusa, su sencilla
elocuencia y su amable don de simpatía.
¿Qué dijo don Emilio? Su charla encantadora le
sirvió a maravilla, paro evocar los tiempos de antaño y sus
estudiantes sopistas. Al mismo tiempo, su lección un tanto
subversiva e impropia en un profesional de la pedantería, nos
convenció de que perder la mañana de la vida, es perderla toda. Pero
sólo un hábil evocador puede traer a la Pipeta a enfrentarse con
nuestro público, después de desproveerla de toda su malicia
chocarrera y vulgar. Pero convénzase, don Emilio; a los veinte años
no nos cabe en el bolsillo ningún tomo de Historia de la Filosofía.
Luis García Blanco. Nuestro fraternal compañero,
estaba encargado de leer unas cuartillas bonitas de don José
Sánchez Rojas. En el arte tan difícil de lector, Luisito es un
consumado do maestro. La prosa de Rojas, galana y fácil, gustó a los
oyentes, como hubiera gustado al más exigente zoilo literario.
Sube el telón y aparecen los tunos. La severidad
del traje es ahogada por la vistosa profusión de las cintas. La
ovación es sencillamente clamorosa. Hecho el silencio, Ruiz
Fernández, este aventajado escolar de cara cetrina, lee unas
cuartillas plenas de sentimentalismo y donaire, en amasijo agradable
y evocador.
Las presidentas coronan la enseña estudiantil
con nuevas cintas. El aplauso del público perhincha la sala.
Después, la batuta maestra de ese simpático,
inteligente y entusiasta maestro Bernalt - alma de la Tuna- dirige
cuatro piezas de concierto. «Viva la Tuna», pasodoble airoso, que
habla elocuentemente de la inspiración de su autor; «Por ti»,
serenata de Pacheco; «Buenos Aires», el último tango popularizado
entre nosotros y «Ven a mi país», bonito foxtrot oriental.
Las ovaciones por la ejecución primorosa de
estas obras, se oyeron en los Pasos Perdidos lisboetas.
Cristóforo Morán Gutiérrez. De todos nuestros
estudiantes no hay ninguno que tenga su vis cómica. Si dice un
monólogo baturro como el de anoche, es un matraco digno de haber
nacido en Tauste. Si nos habla con el argot chulesco de Madrid, es
un flamenco escapado de un diálogo de López Silva. ¡Es demasiado
buen cómico Cristóforo y hace bien el respetable en ovacionarle
después de desternillarse con su gracia!
Descansamos diez minutos. Luego, los señores
Orost, González, Polo, Ledo, S. García y Juanito Mirat, nos
diversionaron representando entre ovaciones la historieta cómica
de López Montenegro y Peña, «Pulmonía doble». Los seis citados
estudiantes podían igualar a Barreto y aun superarle... en
formalidad.
Y luego, como final no apetecido, pues todos lo
pasábamos muy bien, los tunos interpretan «La linda tapada»
(pavana), de Alonso; «Guajiras populares», de Fuentes y la
«Estudiantina», de Quinito Valverde. Al aplaudir de las manos
aristocráticas une el cronista el suyo. La fiesta dejará grato
recuerdo en la concurrencia numerosa, entre la que vimos la las
bellas señoritas y distinguidas damas siguientes:
En plateas: las
señoras y señoritas de Sánchez Sevillano, Matías Blanco, Fernández
Dans, Serviá, Mirat, Uguet, Anaya, García Isidro, Beato, Esperabé,
viuda de Concha, Faure, Núñez de Pérez, Fernández, Polo, Goenega,
viuda de Peláez, Tapia, Hernández (don Diego), Núñez de Monterde,
Martín, Encarna S. Falcón y Calzada.
En butacas: lass
señoras y señoritas de Morán Gutíerrez, Bernardí, Valdés, Salcedo,
Paradinas, Olivera, Villalobos, Baza. Redondo de Rodríguez Arias,
Mirat, Alba de Sánchez Tabernero, Anta, Marcos Escribano, Pérez de
Lucas, Guruceta, Diez Solano (don Arturo), Pérez Cardenal, Muñosa
de Moneo Corcuera, Téllez de Meneses, Cuadrado, Pierna, Mirat de
Jiménez, Cáceres, Latorre, Varadé de Núñez, Heriz, Eulalia Mañosa,
Berrueta, Blanco Zaballa, Junquera de Santos, Bordona, Estella,
Infante, Mirat, Romo, Sánchez y Sánchez, Peña, Petit, Vélez,
Santiago Mirat y González Ubierna.