Autor:
Anónimo.
Título: ANOCHE, EN LA RADIO-SALAMANCA.
PRESENTACIÓN DE LA TUNA, POR SÁNCHEZ
ROJAS.
Publicación:
Museo Internacional del Estudiante, 2009.
Ver. original:
El Adelanto.
Fecha:
Sábado, 30 de enero de 1926,
p. 1.
Anoche, en la Radio Salamanca, dieron ante el micrófono un bello
concierto los muchachos que forman la Tuna Escolar Salmantina.
Invitado por la Sociedad Emisora, el cronista de los estudiantes y
compañero nuestro muy querido, Pepe Sánchez Rojas, radió
maravillosamente, como si fuera un profesional del micrófono esta
emocionante presentación que fué anoche oída por infinidad de
radio-escuchas de Salamanca y de fuera de ella, y que hoy publicamos
íntegra para que sea saboreada y gustada de nuestros lectores.
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«Amigo radio
escucha: Allí donde quiera que te encuentres, en Salamanca o fuera
de ella, al cobijo de nuestras torres o lejos del hechizo de
nuestras torres, buenas noches. Si has sido, además, estudiante de
nuestra escuela, y hoy tejes la tela de tus ocios, inventando
quimeras, a la vera de tu mujer y de tus hijos, de médico rural, de
abogado de secano, de boticario de emplastes con rumor de morteros y
de almireces, con las buenas noches recibe también un abrazo
cordial. Me lo dan para ti los tunos de Salamanca. Estos muchachos
reanudan hogaño los sueños que a nosotros nos interrumpió la vida.
Las mozas que hoy adoran son tal vez las hijas de las que nosotros
adoramos y sus quimeras, llenas de luz y de poesía, son las mismas
que antaño iluminaron nuestro corazón.
¡Si yo te tuviera a
mi lado, radio escucha hoy pueblerino y ayer universitario, hoy
miembro acaso de la Unión Patriótica con todas sus consecuencias y
ayer socio corriente y moliente de «La Perla» y demás sociedades
coreográficas, con todas sus consecuencias también, si yo te tuviera
a mi lado, te diría tantas cosas...! El mundo está variando, amigo
mío; las cosas pasan, nosotros envejecemos con nuestra melancolía y
con nuestros sueños truncados y rotos, y las palabras se van
haciendo sagradas y nobles que ya no se las lleva el aire, como
palabras de juramento de hembra olvidadiza y casquivana. Quedan las
palabras, y las transmiten las ondas, y van derechas de mis labios a
tus oídos, y yo quisiera decírtelas con toda pureza y con toda
emoción, en esta noche desapacible y huracanada, porque me las
dictan la juventud y la esperanza, la juventud que se nos escapa de
las manos y la esperanza que ya no suele guiñarnos con sus ojazos de
lucero inquieto y temblón.
Por una de estas
dichosas bromas de la suerte, loca e incomprensible, he vuelto a
Salamanca, para dormir y arropar en ella mis sueños, y visito todos
los días la Escuela, y dialogo en silencio con el árbol grande que
hay en el centro del Claustro, y los muros de las aulas me susurran
al oído las canciones que vosotros y yo, de muchachos, dejamos
pegadas en los muros, y soy como hermano de estos estudiantes y de
estos tunos. ¡Grata amistad la de estos muchachos! A su contacto, me
remozo y me oreo, y ellos van formando, en las capas de mi espíritu
acongojado pero esperanzoso, mi segunda mocedad, más serena, más
consciente, más tranquila, más rica de emociones y de incidencias
que la primera.
Y sin notas
oficiosas abrumadoras y mal escritas, sin ponencias de ganapanes
aliados con la frescura y con las dietas, sin concursos de resultado
previsto y sin explicaciones de segunda mano, me han hecho a mí,
eterno estudiante, su cronista honorario, y yo estoy con mi cargo
como niño con zapatos nuevos, y de vosotros les despido y me
despido, en estas vísperas de carnestolendas, con rumbo a las nobles
ciudades del Norte de España, donde llevamos la obligación sagrada,
de alegrar, con nuestros pasacalles estudiantiles, los sueños de
esas recias y calladas muchachitas vascongadas, que van a ver a su
príncipe con traje de tuno, envuelto en su elegante y airosa capa
española, con cintas en la diestra y con el sombrero de cuchara,
ladeado.
Al Norte queremos
llevar el perfume de la placidez de nuestra Salamanca, para
traernos, en cambio, la fortaleza de su tierra roja, rica de hierro,
y el salitre de su ría, que es el camino de Francia, la de la
Marsellesa y la de la Madelón, y de Inglaterra, la del Parlamento,
la de la Carta Magna y la de Cronwell.
Les daremos el oro
de nuestros ocios a cambio del acero de su voluntad y de su
inquietud. Nos damos cuenta de nuestra Embajada y estamos orgullosos
de ella. Y cuando volvamos a nuestra calle de la Rúa, a reposar de
nuestras andanzas y de nuestros trotes, sabemos muy bien,
radio-escucha amigo y pueblerino, que tú habrás viajado con nosotros
idealmente, y prometemos traerte, con el bramido de la tempestad y
de los temporales del Cantábrico, el recuerdo de aquel maestro y
amigo tuyo, que piensa todos los días en el retorno para unirse a su
esposa, que es nuestra ciudad, la tuya y la mía, la madre que nos
enseño, en el silencio de las aulas y en la tibieza de sus rejas,
las delicias del pensar que no se borran y las del querer que no se
desvanecen nunca en los arcones del recuerdo.
José Sánchez Rojas.»
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Al concluir su
presencia el cronista honorario de nuestros tunos, éstos, que le
oían en la cabina del micrófono, le saludaron con una ovación.
La Tuna ejecutó
luego el programa que ya habíamos anunciado para ayer, tocando sus
pasacalles. Los radio-escuchas escucharon complacidísimos la
composición del maestro Bernalt, «Todos aprobados», el pasacalle
«Haro, París y Londres» y otras piezas que fueron gustadas por todos
los teleoyentes de nuestra región.
En total, un éxito
para la emisora Radio Salamanca y para la simpática Tuna Escolar
Salmantina.