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Autor:
Francisco Marcos Rodríguez.
Título: TRADICIONES SALMANTINAS.
Publicación:
Museo Internacional del Estudiante, 2009.
Ver. original:
La Gaceta Regional.
Fecha:
Sábado, 4 de febrero de 1928,
p. 3.
LA CALLE DEL TENTENECIO
Una de las calle salmantinas más típicas y evocadoras, que
encierra el corazón arteriado de nuestra ciudad romántica, es sin duda
alguna la que pone en comunicación la hoy llamada Puerta del Río con la
plazuela donde se halla enclavada la Catedral Vieja (teatro de uno de
los más extraordinarios milagros del sabio y santo Patrono de Salamanca)
y que lleva el nombre de Tentenecio, hoy San Juan de Sahagún...
Calle estrecha, que hace recordar y retroceder nuestro
espíritu a unos siglos ya pasados, y que como dijo el poeta “no
volverán”... para evocarnos al maestro severo, que se dirigía con paso
lento y majestuoso a la Universidad para explicar su diaria cátedra de
Prima o Derecho a centenares de alumnos, y al estudiante sopista alegre
y picaresco, que al llegar la hora triste y melancólica del atardecer
castellano, se dirigía con su guitarra o laud, bajo el brazo, a la reja
de la carcelera de su corazón, para cantarle una copla tierna, dulce,
amorosa y acallar los gemidos de su corazón joven, poeta y romántico...
Siglos atrás que nos representan a nuestra Atenas Española,
llena de sabios maestros – Vitoria, Fray Luis de León, Fray Diego de
Deza, etc. – y de no menos aprovechados discípulos, haciéndoles
exclamar a unos y a otros con el Licenciado Vidriera...
“Salamanca que enchiza la voluntad de volver a ella a todos
los que la apacibilidad de su vivienda han gustado...”
Pues bien; esta calle evocadora, no revestida de la
suntuosidad y magnificencia de las populosas y modernas vías... ésta
calle típica, que no ofrece la comodidad de las modernas, está revestida
de una tradición o leyenda – como todo lo salmantino – que “líbreme
Dios” no es mi ánimo el contárosla, ya que mejor, mucho mejor que yo os
lo hace Villar y Macías en su obra titulada “Historia de Salamanca”...
Se dice en ella, que por esta calle subía un toro
desmandado, y que la diosa casualidad llevó el sabio y santo varón Juan
de Sahagún a dicha calle, que de repente entre el temor de la multitud
se encontró cara a cara con el astado y que al llegar a él extendiendo
la mano dijo...
“Detente necio...”
De aquí que dicha calle en conmemoración de aquel milagro
pasara a través de las generaciones con el nombre mencionado, siendo
sustituido en nuestros días por el del Santo Patrón.
Calle típica, calle evocadora, es esta larga y tortuosa
calle testigo mudo de tantas y tantas glorias, en la que el Santo Juan
de Sahagún verificó uno de sus extraordinarios milagros...
Pero para sentir la evocación romántica de esta calle, es
preciso contemplarla en las altas horas de la noche, al oído lúgubre de
la campana y a la luz tenue y plateada de la luna.
De otra manera es imposible sentir esa enternecedora
evocación romántica, y oír todavía los gemidos lastimeros que en forma
de notas musicales, desprendíanse de los arpeados instrumentos manejados
por los tunos, que por serlo eran sus notas de más vida y calor...
Y en estos días en los que la “moderna” Tuna Universitaria,
pasa alegre y bullanguera por las “populosas y magníficas calles
salmantinas”, no puede mi imaginación por menos de acordarse de aquella
otra tuna que alegre y bullanguera también pasaba con sus instrumentos
al ocaso de la tarde por las solitarias y obscuras calles, que hoy
nosotros debemos respetar, como legado cariñoso, solemne y evocador...
FRANCISCO MARCOS RODRÍGUEZ
Salamanca-2-II-28
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NOTA: Artículo
procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en
el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido
normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma.
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